En tiempos donde media Europa parece hacerse vieja y la otra mitad huye de los pueblos como si estuvieran infectados por la rutina, la isla de Cerdeña ha decidido hacerle frente al olvido con algo que aún mueve voluntades: dinero. Hasta 15.000 euros ofrece a quienes estén dispuestos a mudarse a sus municipios más pequeños, en una línea que resume bien la nueva propuesta donde se anunció que Italia paga por mudarte a sus pueblos, a esos lugares donde ya no suenan campanas sino ecos y donde la despoblación ha dejado más sillas vacías que habitantes.
Claro, no se trata de una limosna por instalarse en la campiña ni de un cheque por respirar aire puro. Es una estrategia quirúrgica, una maniobra de resucitación demográfica financiada por la Región Autónoma de Cerdeña, que parece haber comprendido que, en el siglo XXI, la pertenencia se puede subvencionar.
El incentivo: ni milagro ni caridad
La ayuda tiene nombre y apellidos: hasta 15.000 euros no reembolsables para quien se anime a comprar o rehabilitar una casa y convertirla en su residencia principal. Un gesto que suena generoso hasta que uno lee la letra pequeña: el dinero no puede cubrir más del 50 % del coste total, y solo se entrega si te instalás allí de forma continua y permanente.
Vamos, que no vale ir los veranos, subir una foto con la etiqueta #dolcevita y regresar a Milán o Madrid en septiembre. Y sí, hay controles. Porque en la Italia rural, como en el amor, no basta con prometer: hay que quedarse.
¿Quién puede aplicar? Spoiler: más de los que crees

El programa no es exclusivo para sardos de linaje milenario ni para románticos descendientes que quieran recuperar la casa de la nonna. Está abierto a italianos, extranjeros, nómadas digitales, urbanitas arrepentidos y todo aquel que cumpla con los requisitos legales para residir en Italia, siguiendo una lógica similar a la de el pueblo italiano que atrae a extranjeros pagando su alquiler.
Es más, algunos municipios han ampliado la oferta con incentivos para emprendedores (hasta 20.000 € si trasladas tu negocio), ayudas por nacimiento de hijos y programas de integración local. Cerdeña no solo quiere vecinos, quiere comunidad. Aunque, claro, la comunidad hay que construirla, y eso no se logra con transferencias bancarias.
Un mapa en movimiento
No hay una lista definitiva de pueblos participantes. Cada ayuntamiento lanza su propia convocatoria, con plazos, condiciones y criterios tan variados como sus campanarios. La burocracia italiana —esa antigua forma de resistencia al cambio— está presente, así que más vale ir con paciencia y buena conexión a Internet para consultar los boletines oficiales o los portales municipales.
Una pista: en la web de la Región Autónoma de Cerdeña hay una sección entera dedicada a las “Misure anti-spopolamento”. Allí, entre tecnicismos y documentos PDF, late el intento desesperado (y noble) de que los pueblos no mueran por falta de humanos.
Cerdeña: tierra de belleza, silencio y decisiones difíciles

Detrás de esta política hay una verdad que incomoda: la Europa vacía es también una Europa desequilibrada. En Cerdeña, como en tantas otras regiones, la natalidad se desploma, los jóvenes se van y los servicios públicos se desvanecen como niebla en verano. La despoblación no es un fenómeno: es una erosión lenta, un susurro que se lleva las voces, en un contexto que también explica la aparición de nuevos cupos para extranjeros que quieran trabajar legalmente en Italia.
Por eso, el Gobierno regional ha decidido invertir en permanencia: hacer que quedarse valga la pena. No solo con dinero, sino con oportunidades para emprender, formar familia, empezar de nuevo.
Eso sí, mudarse a Cerdeña no es una postal de Instagram. Es una apuesta. La sanidad puede quedar a kilómetros, el colegio más cercano puede tener más profesores que alumnos, y los inviernos, aunque suaves, pueden ser largos cuando el silencio es el único vecino. Pero también está el otro lado: el ritmo lento como acto de resistencia, el olor a mirto en las tardes, el placer de saludar a todos por su nombre, el orgullo de restaurar una casa que estaba condenada al olvido.
¿Y si el futuro está donde ya nadie mira?
Quizás, más allá de los 15.000 euros, esta propuesta nos obliga a pensar en algo más hondo: ¿puede el dinero traer de vuelta la vida a donde ya se había ido? ¿O es la vida, con sus gestos simples y persistentes, la que termina dándole sentido al dinero? Iniciativas como las de casas a 1 euro en Ollolai, otro pintoresco pueblo italiano, apuntan en esa misma dirección: no comprar muros, sino futuros. En todo caso, si estás pensando en un cambio, Cerdeña no te lo pone fácil, pero sí posible. Porque a veces, empezar de nuevo cuesta menos que quedarse donde uno ya no pertenece.

