Italia anuncia decreto que permitirá a extranjeros trabajar legalmente en el país y estos son los países latinos que aplican

Italia extenderá permisos de trabajo a extranjeros hasta 2028; estos son los países latinoamericanos incluidos.

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En un país donde la ópera sobrevive mejor que la natalidad, Italia ha decidido que, si no hay suficientes italianos para cosechar tomates o servir cappuccinos, tal vez sea hora de invitar a otros a hacerlo. Entre 2026 y 2028, el llamado Decreto Flussi —ese documento con nombre de fontanería pero implicaciones políticas— permitirá la entrada legal de casi medio millón de trabajadores extranjeros no comunitarios.

497.550 personas, para ser exactos. Medio millón de historias, de maletas llenas de esperanzas y, probablemente, de papeles certificados en tres idiomas. Una cifra generosa… o estratégicamente calculada, si se considera que Italia envejece como su buen vino, pero sin renovación en las viñas.

Una urgencia disfrazada de decreto

Italia anuncia decreto que permitirá a extranjeros trabajar legalmente en el país y estos son los países latinos que aplican

Esta no es una flor que nace por gusto, sino por necesidad. Con sectores como la agricultura, la construcción o el turismo clamando por manos jóvenes —o simplemente manos—, el gobierno de Giorgia Meloni ha dado un giro: menos trabas, más visados, aunque sin abandonar el gesto severo. No se trata de una bienvenida calurosa, sino de una admisión funcional: Italia necesita trabajadores, no necesariamente ciudadanos.

Lo paradójico no escapa a quien mira con lupa: mientras se blindan las leyes de ciudadanía por descendencia, se abren las puertas del trabajo temporal. Es como decir: “Puedes podar nuestros olivos, pero no sueñes con plantar raíces”.

Categorías y condiciones: no todos los caminos llevan a Roma

El decreto establece tres grandes tipos de trabajadores:

  • Estacionales, para cubrir las cosechas o las temporadas altas de turismo.
  • Subordinados no estacionales, que suenan a ciencia ficción pero son simplemente empleados por contrato.
  • Autónomos, esos valientes que se atreven a emprender por cuenta propia en un país donde hasta abrir una heladería puede requerir diez firmas y una bendición papal.

Eso sí, no basta con llegar tocando la puerta. Primero, una empresa italiana debe solicitar una nulla osta, una especie de permiso previo que es menos poético de lo que suena. Solo entonces el aspirante puede gestionar su visado en la embajada correspondiente. Es un proceso que recuerda más a un trámite medieval que a un portal digital del siglo XXI.

América Latina: viejos lazos, nuevas rutas

Aunque el decreto es técnicamente global, algunos países latinoamericanos parecen haber sacado boleto preferencial. Ecuador, por ejemplo, firmó un acuerdo específico que facilita el acceso de sus ciudadanos a estas cuotas laborales y educativas. Colombianos, por su parte, figuran entre los más demandados, especialmente en salud, agricultura y turismo.

Pero hay una vía aún más curiosa: la de los descendientes de italianos. En un giro donde la sangre pesa más que la ciudadanía, se han abierto cupos “fuera de cuota” para aquellos que puedan demostrar su linaje itálico. Es decir, si tu bisabuelo alguna vez gritó “Mamma mia” en Calabria, es posible que tengas vía rápida para trabajar en la península… aunque no necesariamente para quedarte.

Entre los países favorecidos por esta cláusula de la nostalgia: Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, y otros con una diáspora italiana tan espesa como su salsa de tomate.

La letra pequeña de los sueños

Italia anuncia decreto que permitirá a extranjeros trabajar legalmente en el país y estos son los países latinos que aplican

Ahora bien, que nadie se ilusione con facilidad. El camino hacia el contrato italiano exige:

  • Una oferta laboral formal.
  • La aprobación de la nulla osta por parte del empleador.
  • La solicitud de visado desde el país de origen.
  • En muchos casos, la acreditación de experiencia o cualificaciones.

Y aunque existen ciertos mecanismos para comenzar a trabajar durante la tramitación de permisos —siempre que el Estado no vea amenazas ocultas—, la burocracia sigue siendo un deporte nacional en Italia. Eso no cambiará con un decreto.

El Decreto Flussi 2026–2028 es, sin duda, una apertura. Pero es también una declaración implícita: aceptamos tu trabajo, no necesariamente tu presencia. Un intento de equilibrar las necesidades del mercado con el discurso soberanista. La antítesis perfecta entre hospitalidad calculada y cerrazón ideológica.

Un equilibrio incómodo

En un mundo donde migrar legalmente es cada vez más un lujo reservado a quienes cumplen con todos los requisitos (y aún así, cruzan los dedos), esta medida representa una posibilidad real. Limitada, sí. Reglamentada, por supuesto. Pero al menos no se disfraza de otra cosa. Quizá lo más italiano del asunto sea eso: admitir la contradicción con elegancia.

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