Un pueblo de Italia le pagará a los extranjeros la mitad de su alquiler por mudarse ahí

Un municipio del sur de Italia ofrece pagar hasta el 50% del alquiler a extranjeros que se muden para combatir la despoblación.

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En una época en la que vivir en las ciudades cuesta el sueldo y la salud, un pequeño municipio del sur de Italia ha tenido la osadía —o la lucidez— de proponer lo impensable: te subvencionan el alquiler si decides mudarte allí, en línea con programas como Italia te paga por mudarte a sus pueblos y repoblarlos. No hablamos de un retiro espiritual ni de un experimento social tipo reality show. Hablamos de Presicce-Acquarica, una localidad del tacón de la bota italiana, donde los olivos resisten desde antes de que existiera el concepto de inmobiliaria.

El plan es simple y directo, casi ofensivo en su sensatez: cubrir hasta el 50 % del alquiler a quienes fijen residencia en el pueblo. Un incentivo con aroma a aceite de oliva y urgencia demográfica.

Porque sí, el sur de Italia se vacía. Las casas, construidas para generaciones, se han ido quedando sin hijos, sin nietos, sin vida. No por falta de belleza, sino por un exceso de realidad: la que obliga a los jóvenes a irse a Milán o a Múnich si quieren cobrar algo más que afecto. Así, los pueblos como Presicce-Acquarica se han convertido en silenciosos museos al aire libre, con más piedras que personas y más pasado que presente.

El éxodo invertido

Un pueblo de Italia le pagará a los extranjeros la mitad de su alquiler por mudarse ahí

La iniciativa municipal no busca turistas ni aventureros de temporada. Lo que quieren son vecinos de verdad. De esos que van a la panadería, saludan al cartero y pagan el IBI. No es una residencia para Instagram, sino una residencia oficial, con contrato de alquiler a largo plazo y empadronamiento incluido.

¿El objetivo? Recuperar lo más revolucionario hoy en día: una comunidad. Porque mientras medio mundo se concentra en megalópolis que no duermen (y donde tú tampoco puedes), estos pueblos luchan por no desaparecer. La ironía, por supuesto, es que ahora tienen que pagar para que alguien los elija, cuando hace unas décadas había que hacer fila para emigrar desde allí.

Una Italia que ya no es para italianos (o no solo)

No es casualidad que el programa esté abierto a extranjeros. Europa entera envejece como un parmesano añejo, pero en el sur de Italia la despoblación es un arte trágico: lento, bello, irremediable. Por eso se permite —se desea— la llegada de gente de fuera, en sintonía con los nuevos cupos para trabajar legal en Italia. Ciudadanos de la UE o no, da igual mientras tengan papeles, ganas de quedarse y, a poder ser, hijos o algún perro simpático.

No hace falta que monten una start-up ni que reinventen la rueda. Basta con que vivan allí, que llenen las plazas de voces y las escuelas de cuadernos. El municipio incluso agradece la llegada de trabajadores remotos: esos nómadas digitales que, hartos del ruido y las rentas asfixiantes, ven en una casa con patio y conexión Wi-Fi el nuevo lujo.

Presicce-Acquarica: más real que tus sueños en Pinterest

Un pueblo de Italia le pagará a los extranjeros la mitad de su alquiler por mudarse ahí

Para quien no lo sepa, Presicce-Acquarica no es una aldea de fantasía. Es el resultado de una fusión administrativa, sí, pero también el punto de encuentro entre el Salento rural y la costa aún virgen, una filosofía que recuerda a iniciativas como la de casas a 1 euro en Sicilia, donde lo importante no es el precio, sino la posibilidad de volver a habitar lo que el tiempo dejó en pausa. Aquí no hay avenidas con tiendas de Zara, pero sí callejones de piedra, plazas en las que el tiempo bosteza y arquitectura que resiste con la misma testarudez que las abuelas que la habitan.

Vivir aquí es aprender a escuchar el silencio. O mejor: a distinguir sus matices. Es cambiar el vértigo por la lentitud y la ansiedad por la siesta. El coste de vida es bajo, pero el valor simbólico de recuperar un lugar olvidado es altísimo.

¿Y si el futuro está en el pasado?

Presicce-Acquarica no es el único. Otros pueblos italianos observan este experimento como quien espía una receta milagrosa, conscientes de que forma parte de una tendencia más amplia, visible en iniciativas como los 10 lugares que te pagan por vivir allí. Si funciona, si logra repoblar no solo calles sino vínculos, podría inspirar un cambio de paradigma: no huir del campo, sino volver a él. No resignarse a que el futuro esté en los rascacielos, sino recordar que alguna vez también se soñó desde un balcón con parra.

Tal vez el siglo XXI no sea solo el de las ciudades verticales, sino también el de los pueblos que, desde la horizontalidad de sus tejados rojos, nos recuerdan lo esencial: que vivir bien no siempre cuesta caro. A veces, incluso, te lo pagan.

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