Rusia lanza un programa migratorio para atraer talentos de todo el mundo

Una empresa espacial ha abierto reservas para el primer hotel lunar, con costes y pasos para aplicar.

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En tiempos en que los países se disputan cerebros como si fueran petróleo, Rusia ha decidido entrar de lleno en la competencia por el talento. Y no lo hace con medias tintas: un decreto presidencial, firmado con la sobriedad burocrática de diciembre de 2025, entra en vigor el 15 de abril de 2026 y crea un estatus tan pragmático como eufemístico: el de “persona que representa interés para la Federación Rusa”. Una fórmula que, traducida del diplomático al terrenal, sugiere lo siguiente: “si haces cosas que nos sirven, te lo ponemos más fácil para venirte a vivir aquí”.

Ahora bien, no se entusiasme el lector nómada digital con alma de mochilero y laptop: este programa no es un pase libre para los que buscan vivir de café con leche de avena en Vladivostok. Es, más bien, una alfombra roja para científicos, ingenieros, artistas consagrados, atletas con medallas o, en un gesto revelador, profesionales útiles para la defensa del Estado. A Rusia no le interesan tus stories en Instagram, pero sí tu doctorado en física cuántica o tu capacidad para fabricar turbinas.

El nuevo estatus: una etiqueta con beneficios (y burocracia a medida)

El corazón del decreto publicado por Kremlin está en ese nuevo estatus jurídico: “persona de interés” no como sospechoso de espionaje, sino como alguien cuya existencia profesional despierta el interés estratégico de un país. Porque si bien en Occidente algunos países atraen talento con promesas de libertad creativa, coworkings luminosos y startups en bermudas, Rusia apela a una lógica distinta: si puedes contribuir al avance tecnológico, cultural o incluso militar, entonces hay un sitio para ti (y para tu familia) en la Madre Patria.

El procedimiento se presenta como más ágil, aunque no por ello menos vigilado. No se trata de saltarse los requisitos migratorios habituales, sino de sortearlos con más elegancia, siempre bajo el ojo atento del Ministerio del Interior. La migración, en este caso, no es una puerta abierta, sino una compuerta controlada: se abre, sí, pero sólo si los sensores detectan valor añadido.

¿A quién busca Rusia?

El perfil ideal es una mezcla entre Da Vinci, Elon Musk y un jugador olímpico de biatlón. Los criterios de elegibilidad son amplios pero no laxos: se requieren logros demostrables en ciencia, tecnología, industrias creativas, cultura, deporte o investigación académica. También cuenta haber contribuido antes —de manera significativa— al bienestar, la economía o la seguridad de Rusia.

Y luego está el tercer grupo, tal vez el más ambiguo: personas con profesiones “demandadas por el mercado ruso”. Aquí cabe desde un ingeniero de software hasta un soldador experto, siempre que haya una necesidad concreta. El mensaje subyacente es claro: no basta con querer vivir en Rusia, hay que resultar útil. El país no te ofrece una experiencia, te propone un contrato.

Cómo acceder y canales oficiales

Para acceder al programa, se requiere más que rellenar un formulario y sonreír en una foto tamaño carnet. La solicitud pasa por organismos oficiales, con información centralizada en portales como el sitio del Kremlin o la Agencia de Iniciativas Estratégicas (ASI), que parece haber heredado parte del alma planificadora del Gosplan soviético, pero en clave de atracción de capital humano.

En los primeros meses, eso sí, se prevé un trámite algo brumoso. No esperemos un botón mágico tipo “Aplicar ahora”. Se habla de verificaciones, canales designados, procedimientos administrativos aún en construcción. Porque si bien el programa nace con espíritu de modernización, su ejecución tendrá que convivir con el ritmo a veces geológico de la administración rusa.

Lo que no es: turismo, espontaneidad o aventura

Para el lector viajero, ese que sueña con recorrer la Transiberiana escribiendo crónicas existencialistas, esta medida no cambia nada. El visado turístico seguirá igual de regulado, y las normas de entrada por unos días no se ven afectadas. Pero para quien considera Rusia como destino de residencia, trabajo o investigación de largo aliento, este programa podría ser una vía directa… siempre que encaje en las categorías aprobadas.

Eso sí, no conviene olvidar que el decreto es solo el marco. Después vienen los detalles: visados, registros, seguros médicos, homologaciones y una inevitable montaña de papeleo. El paraíso de la migración talentosa aún exige cruzar los Alpes administrativos. Como en toda epopeya, la promesa está al final del camino, pero nadie ha dicho que será corto ni llano.

Rusia se lanza a la caza global del talento, ofreciendo una puerta legal más expedita para quienes tengan algo valioso que ofrecer. Es un gesto de apertura estratégica, aunque no por ello exento de filtros, controles y letra pequeña. El interés, en este caso, no es recíproco por defecto: es el Estado quien decide a quién le interesa.

FUENTES:Kremlin
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