El parque temático oficial de Super Mario (Super Nintendo World) que arrasa en Japón

Super Nintendo World, en Osaka, es el parque temático oficial de Super Mario y una de las grandes atracciones para visitar en el país asiático.

6 min de lectura

Pocas cosas son tan japonesas como la capacidad de tomar lo efímero, lo lúdico, incluso lo virtual… y volverlo templo. En un país donde las flores de cerezo se celebran como si fueran estrellas de rock en gira anual, no sorprende que un fontanero italiano, nacido en píxeles y criado en consolas, haya terminado construyendo su propio santuario físico: Super Nintendo World.

Ubicado en el corazón de Universal Studios Japan, en Osaka, este parque temático no es solo una atracción más: es una declaración de poder blando, una fantasía jugable y, sobre todo, un recordatorio de que la nostalgia —bien empaquetada— es un motor económico más potente que el petróleo.

Desde su apertura en 2021 (un año después de lo previsto, porque incluso los universos paralelos deben obedecer a las pandemias), se ha consolidado como uno de los principales imanes turísticos del país. No solo por su propuesta, sino por su capacidad para hacer lo impensable: traducir una saga de videojuegos en una experiencia tangible, multisensorial, casi mística.

Entrar por una tubería… y salir del mundo real

El acceso no es cualquier cosa. Uno no entra caminando, sino deslizándose simbólicamente por una tubería verde gigante, ese humilde conducto que, desde los años 80, ha sido el portal entre el mundo ordinario y el Reino Champiñón. El gesto es simple pero revelador: como Alicia por la madriguera, el visitante cruza un umbral que no es solo decorado, sino acto de fe lúdica. Y al salir al otro lado, Osaka desaparece. El resto del parque también. Porque aquí no se permite el ruido del mundo: solo el zumbido amable de los bloques flotantes.

El diseño del parque apuesta por una tridimensionalidad desbordante: colinas que se mueven como si fueran decorado de teatro kabuki, niveles superpuestos como capas de videojuego, y una paleta de colores que parece extraída del sueño febril de un niño con exceso de azúcar. No hay zonas muertas. No hay descanso. Todo es estímulo.

Mario Kart, Bowser y la ilusión de competir

El plato fuerte es Mario Kart: Koopa’s Challenge, una experiencia que no se conforma con ser montaña rusa ni videojuego: es ambas cosas, y algo más. La atracción combina escenarios físicos con realidad aumentada, visores tecnológicos y una narrativa tan cuidada que uno podría olvidar —por un segundo— que está haciendo fila durante 45 minutos con un casco en la mano.

Aquí no se mira: se compite. Se lanzan proyectiles virtuales, se acumulan puntos y se revive, con una fidelidad técnica casi obsesiva, la adrenalina de las carreras en Rainbow Road. No es una adaptación, sino una reencarnación de la sagapara un nuevo medio: el cuerpo del visitante. Como contrapeso, Yoshi’s Adventure ofrece un paseo más contemplativo. Es menos adrenalina y más postal, ideal para familias y para aquellos que aún no han hecho las paces con las gafas de realidad aumentada. Desde las alturas, se aprecia el detalle obsesivo del diseño, como si uno flotara sobre una maqueta viva.

Un parque que también se juega

Pero la gran innovación —el verdadero golpe maestro— es el sistema de interactividad distribuida. Cada visitante puede adquirir una Power-Up Band, pulsera que convierte el parque entero en un tablero de juego. Se golpean bloques, se desbloquean minijuegos, se acumulan monedas. Es decir: el parque deja de ser un lugar para convertirse en un sistema. Como un videojuego sin botón de pausa, sin menú, sin «Game Over». No hay una línea recta ni un recorrido obligatorio. Se puede deambular, explorar, obsesionarse. Cada quien juega como quiere. Como en la vida, pero con mejores gráficos y comida tematizada.

Comer con Toad, comprar en una fábrica de hongos

La experiencia gastronómica sigue el guion de la inmersión total. En Toad’s Café, los platos no son solo comida: son personajes. Las hamburguesas tienen sombreros, las sopas tienen ojos. Podría parecer ridículo, pero es parte del pacto. Nadie entra esperando alta cocina: uno viene a comerse el universo Nintendo, literalmente.

Las tiendas, claro, también juegan su papel. 1-Up Factory no es un local comercial, sino una fábrica de productos emocionales. Allí se venden recuerdos que no se pueden conseguir fuera del parque, reforzando la idea de que la experiencia no solo se vive: se colecciona.

El videojuego como destino turístico

El impacto ha sido notable. Super Nintendo World no solo ha aumentado el tráfico turístico hacia Osaka: ha redefinido lo que significa viajar a Japón. Ya no se trata solo de templos y sushi, sino de un nuevo tipo de peregrinación, donde el culto no es religioso ni ancestral, sino digital y contemporáneo.

Lo irónico, por supuesto, es que el parque más innovador del país no nació en el folclore japonés ni en sus tradiciones milenarias, sino en los píxeles de una consola ochentera y en la mente de un personaje bigotudo, cuyo mayor talento es saltar y comer setas. Y sin embargo, funciona. Porque en un mundo que a veces parece diseñado por Bowser, escaparse un rato al Reino Champiñón puede ser la forma más sensata de mantener la cordura.

No hay comentarios